La vivienda es un organizador social clave. Sin casa no hay futuro, no hay espacios separados para niños/as y padres, no hay lugares para el estudio ni para el ocio. Sin casa la única opción es la calle.

Los jóvenes quieren un lugar propio, los que forman pareja también y todos necesitamos nuestro lugar adonde volver.

Hoy en Buenos Aires resulta muy difícil acceder a una vivienda y no solamente a los sectores de menor poder adquisitivo, sino también a la clase media. Uno de cada tres porteños alquila y cada vez es más difícil ingresar y sostener un alquiler, sea por las garantías, por las comisiones inmobiliarias, por los meses de depósito, por el valor propio del alquiler o por las expensas. Las condiciones las ponen las inmobiliarias y si no se aceptan hay muchos en lista de espera. Mientras tanto, el Estado porteño mira para el costado.

Sin embargo, el déficit habitacional no se corresponde con un aumento de la población porteña, ya que desde el año 1947 la población en la ciudad está estabilizada en alrededor de 3 millones de habitantes. En contraste, hubo un fuerte incremento de la construcción inmobiliaria que no se reflejó en una disminución relevante del problema habitacional.

Esta situación la explica el hecho de que el 20 por ciento de las viviendas porteñas están vacías y que el perfil constructivo de los últimos años privilegió las inversiones antes que las necesidades de vivienda de la población.

El 80 por ciento de la construcción iniciada desde el año 2006 se destinó a propiedades en los cinco barrios más prósperos de la ciudad y a departamentos de alta gama.

El crecimiento de la población en villas, gente viviendo en la calle, familias en casas tomadas, hoteles que no son tales usados para viviendas indignas son, entre otros, los protagonistas de la actual crisis habitacional en la ciudad de Buenos Aires.

La gravedad de esta crisis sólo puede ser atacada seriamente con una firme decisión política que destine recursos suficientes y establezca un marco institucional ordenado. No es subejecutando cifras altísimas del presupuesto para construcción de viviendas que se logra revertir esa crisis. Tampoco sobreejecutando los presupuestos en publicidad.

Con un presupuesto mucho más bajo en términos reales, hemos construido en un año más viviendas y brindado más soluciones habitacionales que esta gestión en siete años. Muchas de las viviendas que inauguró Macri habían sido licitadas y comenzadas por nuestra gestión.

Nosotros gobernamos de verdad. Nosotros gobernamos con claros objetivos sociales y con los mismos valores vamos a implementar cinco medidas en forma inmediata:

1) Creación del Ministerio de Vivienda en la ciudad.

2) Regulación de los alquileres a través de la ley.

3) Créditos blandos, viables y reales para la adquisición de viviendas.

4) Desgravaciones impositivas para orientar el modelo constructivo.

5) Transformación progresiva de las villas en barrios dignos.

Estas medidas formarán parte de un plan estratégico que se articulará con los inversores privados pero con una clara orientación pública a fin de reducir el déficit habitacional sin afectar el medio ambiente ni las identidades barriales.

Cada día que pasa se profundiza la crisis habitacional y los problemas sociales que de ella se derivan. La inseguridad, la falta de futuro para jóvenes y adultos y la inestabilidad familiar van de la mano de la falta de acceso a la vivienda, en propiedad o en alquiler.

Hay que trabajar rápido y entre todos para dejar atrás la crisis habitacional y para alcanzar objetivos sociales que son tan justos como necesarios.