En abril de 2015, la Ciudad tendrá que afrontar un pago de 475 millones de dólares por vencimientos de deuda externa decidida por este gobierno en el año 2009/2010. El endeudamiento durante la gestión macrista fue sistemático y provocó que desde 2008 hasta hoy la deuda porteña se triplicara en dólares. A pesar del aumento exponencial de los recursos presupuestarios, el macrismo gobernó con déficit todos los años de su gestión, a excepción de 2010. Ese déficit lo financió fundamentalmente con el endeudamiento que no fue destinado –contrariamente a lo que sostiene el discurso oficial– a producir un boom de obras, sino a ampliar los gastos corrientes. Dicho de otra manera, todos estos años la inversión real directa (obras) fue similar –en porcentaje sobre el total de ingresos– a la de los años 2005/2006.

Pero volvamos a los 475 millones de dólares que la Ciudad tendrá que pagar en abril del 2015. Esa deuda fue tomada a una tasa altísima –12,5 por ciento anual– sólo justificable frente a una necesidad impostergable de contar con esos recursos. Sin embargo, esa emisión de deuda fue tan innecesaria como injustificable. Para explicarlo mejor, basta con decir que 300 millones de ese total eran para la expansión de la red de subtes, lo que era imposible de cumplir desde el principio, ya que el gobierno no tenía proyectos de obras en subtes en condiciones de ser licitados y por lo tanto financiados con esos dólares. Tanto fue así que luego de varios meses de tener paralizados esos fondos –por los que se pagaron cifras millonarias en dólares por intereses–, el gobierno porteño tuvo que solicitar a la Legislatura autorización para gastar los dólares en otros destinos, reconociendo que no podían ser invertidos en subterráneos como había sido el discurso para el endeudamiento. O sea que nos endeudamos en una suma importante en dólares a una tasa muy alta en dólares para un objetivo que se sabía de antemano que era imposible cumplir.

Pero ahora viene el vencimiento y hay que pagar el próximo mes de abril 475 millones de dólares. ¿Qué hizo entonces el gobierno porteño? Solicitó autorización para emitir nueva deuda –que pagarán otros gobiernos– para pagar esa vieja deuda generada por este gobierno. Así se votó en junio la Ley 5014 para la emisión de nuevos bonos por 890 millones de dólares –475 millones para el vencimiento de abril de 2015 y 415 millones para un vencimiento del año 2017–. O sea nueva deuda para pagar deuda y no para hacer obras como suele decirse.

En este escenario aparecen Griesa y los fondos buitres. Aparece el mentado default y Macri se queda sin posibilidades de emitir su nuevo bono para pagar la deuda el próximo año. No fue casualidad entonces que el jefe de Gobierno pidiera que se pagara sí o sí a los holdouts. En ese pedido iba encerrada su propia conveniencia.

Con alguna liviandad podría decirse que él no tiene la culpa y que la situación nacional lo golpea injustamente. Pero fue decisión del gobierno porteño no aprovechar el crecimiento económico de estos años para desendeudarse y fue también su decisión hacer todo lo contrario: triplicar la deuda en dólares y llevar de esa manera a la Ciudad a una situación de alta vulnerabilidad que nos hace depender del estornudo de los mercados o de las decisiones de un juez asociado a los fondos buitre. La Ciudad con los recursos más altos de su historia está ahora endeble y tiene los pies de barro. Si no hay acuerdo, Macri sabe que, o esos dólares salen de los recursos propios de la Ciudad, que equivalen a casi un 40 por ciento del total de dinero destinado a obra pública para el año 2014, o la Ciudad entra en default. Perspectivas ambas que seguramente pondrían en crisis su pretendida candidatura presidencial. Macri, por conveniencia propia, reza para que se llegue a un acuerdo, reza por Kicillof.

Aníbal Ibarra.

(Artículo publicado en Página/12)