El ex jefe de gobierno porteño dice que hubo bengalas porque los policías las dejaron pasar por plata.

En los últimos diez años, respondió preguntas sobre Cromañón pero nunca dio una nota con aquella tragedia como tema excluyente. El ahora legislador Aníbal Ibarra dice que “fue un error” no haber dado su visión de lo que pasó la noche del 30 de diciembre de 2004, durante el recital de la banda de rock Callejeros, cuando alguien lanzó una bengala cuyo fuego alcanzó el techo y derivó en la muerte de 194 personas y centenares de heridos. Él cursaba por entonces su segundo mandato como jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y, aunque no vivió consecuencias judiciales, fue destituido a raíz de ese incendio.

Habla de corrido, sin pausas. Descarga. Asegura que sufrió un “golpe institucional” y quiere volver a comandar la ciudad, a pesar de las críticas y escraches de familiares de víctimas. Tras acceder a una entrevista con Tiempo Argentino sobre la tragedia (días antes de la muerte de Omar Chabán, gerenciador de Cromañón), Ibarra sostiene que “en cualquier lugar con bengalas pasaría lo mismo” que en el boliche de Once.

En agosto, el Tribunal 24 excarceló a Callejeros, a tres ex funcionarios y a Raúl Villarreal, mano derecha de Chabán, después de que la Corte indicara que la condena no estará firme hasta que se ratifique en otro fallo. El ex comisario Miguel Ángel Belay fue absuelto y el ex subcomisario Carlos Díaz está preso, al igual que el manager de la banda, Diego Argañaraz. Hubo un juicio por el sistema de rescate y otro en el que el dueño del boliche, Rafael Levy, fue condenado a cuatro años y medio. Por habilitaciones irregulares, también se condenó a tres bomberos de la Federal.

Ibarra no quiere opinar acerca de la tarea de la justicia ni llama por su nombre a ninguno de los imputados, pero sí subraya que, “en Cromañón, la corrupción fue de la policía, no de los funcionarios”.

–¿Por qué da una nota sobre el tema?

–Siempre respondí pero elegí no hablar en momentos puntuales, como los aniversarios. Salir al cruce de las operaciones políticas era politizar la tragedia y no me gustaba. Hoy entiendo que es necesario reflexionar. Siento que fue un error no haber dicho mi visión de lo que pasó allí, en la peor tragedia por causas no naturales en la Argentina. La sociedad me lo exigía. Me arrepiento de no haber participado de ese debate.

–¿Qué cree que pasó?

–La corrupción tuvo un rol central. Pero fue de funcionarios policiales. Dejaron pasar bengalas y que se dispararan adentro. Había el triple de personas y ellos miraron para el costado porque les daban plata. Tenían la obligación de evitarlo. Los únicos que no fueron condenados ni acusados por hechos corrupción fueron los funcionarios de la ciudad. Que se disparen bengalas no tiene que ver con una inspección, sino con que la policía las deje pasar.

–¿Quién tuvo la culpa de lo ocurrido?

Sin ninguna duda, primero la policía. Después hay cosas que confluyeron: que estuviera el candado (en la puerta de emergencia), disparar la bengala. También los que organizan y hacen pasar. Pero está dentro del ámbito privado. Si la policía hubiera tenido otra actitud, no pasaba.

–¿Cómo evalúa su gestión en las inspecciones?

–Siempre supe que había focos de corrupción importantes. Uno era ése. Lo intervine y eché al 100 por ciento. Incluso la sentencia dice que subieron los controles.

–¿Los funcionarios hubieran podido evitar la tragedia?

–No. Imaginemos lo mismo en el Gran Rex, o el Colón. Si los funcionarios iban antes, no incidía. Igual siempre podríamos haber hecho las cosas mejor. La justicia entendió que hubo incumplimiento de funcionario. No comparto, pero no hubo relación directa con lo que ocurrió. Rescato y respaldo la honestidad de ellos. Hicieron un trabajo muy fuerte. Pero no hay ninguna habilitación en la ciudad para tirar fuegos artificiales en un lugar cerrado.

–¿Reconoce su propia responsabilidad?

–Cuando uno es jefe de distrito, debe hacerse cargo de lo bueno y lo malo. Pero esto no tuvo relación directa ni conmigo ni con los ministros o subsecretarios. El error puntual fue no haberle dicho a la sociedad lo que pasó. Se exacerbaba el dolor, se usaba el recurso de la responsabilidad política.

–¿Por eso no fue esa noche al boliche?

–Hice lo que debía: ponerme al frente de la organización de la estructura de la ciudad. Durante dos días no dormí. Y fui en el momento, no es que llamé al chofer.

–¿Reconoce deficiencias en el plan de socorro?

–En el mundo, a los trabajadores del SAME los hubieran premiado por el trabajo que hicieron.

–¿La tragedia cambió el modo de inspeccionar?

–Se mejoró la normativa, incluso en mi gobierno. Había un sistema de 30 años. Hay que controlar y formar otra cultura. En el macrismo también mejoró, aunque existió Beara y denuncias de irregularidades y hasta coimas, pero no quiero comparar. Si hay corrupción, es muy difícil.

–¿Cree que todos los condenados son responsables?

–No sé. Sí me parecieron desmedidas las condenas.

–¿Le preocupa que haya familiares de víctimas que anuncien escraches en su contra?

–Me reuní con los que quisieron y no hubo fotos porque podía ser pensado como una utilización. Entiendo el dolor y que lo depositen en mí. Nunca polemicé con ellos ni lo voy a hacer. A mi casa vinieron a tirar pintura durante años, frente a mis hijos menores, cosas muy feas. Pero entiendo. Sí les digo que la política los usó.

–¿Se refiere al PRO?

–También a la periferia e incluso los funcionarios de mi gobierno, puntualmente Telerman (Jorge, su vice), que negoció para quedarse con el gobierno, con apoyo de algunos medios.

–Se denunciaba que Clarín era “ibarrista” y hay una denuncia ante la CIDH por la cobertura que hicieron Canal 9 y Radio 10.

–No tuve cercanía con ningún medio. El golpe institucional no hubiera sido posible sin el acuerdo con Telerman. Fue obsceno, imperdonable, aunque no lo miro como personal. El mío era un gobierno que había ganado dos elecciones, no aumentó impuestos, hizo obra pública, atravesó la crisis de 2001 y tenía apoyo de la sociedad. Frente al juicio político, las encuestadoras marcaban 70% de rechazo a la destitución.

–¿Y qué lugar ocupó Macri?

–Fue clave. Pero se podía entender porque era mi principal adversario político. Del que no se podía entender era del vice, también ministro de Desarrollo Social.

–¿Por qué quiere volver a candidatearse?

–Para recuperar la ciudad como un espacio político que defienda los recursos, con el Frente para la Victoria, Nuevo Encuentro y sectores con los que trabajo hace años.

–¿Qué significó en su vida la tragedia?

–Un antes y un después. Cromañón me va a acompañar por siempre. Fue muy difícil, muy doloroso. Pero más allá de aciertos y errores, lo atravesé de la forma más sincera y cuidadosa que pude. «

Nota publicada en Tiempo Argentino